Por Nicola Rodriguez Mastrangelo
Este mamífero se adentra cada vez más en Catalunya, que instala trampas para capturarlos y sacrificarlos, a pesar que solo hay varios centenares. Dicen que amenazan el equilibrio ecológico.
Entró hace una década en Catalunya procedente de Francia. Se instaló primero en las cuencas de los ríos gerundenses Muga y Fluvià, pero este verano ha sido avistado también en el Ter, con lo que se está expandiendo dirección sur. El coipo (myocastor coypus) es una especie invasora originaria de Sudamérica (principalmente de Argentina) y los expertos consultados afirman que ha venido para quedarse.
La noticia se conoce luego de que el ayuntamiento de Madrid anunciara un plan para exterminar a 12.000 cotorras argentinas que han invadido la capital española.
La Generalitat “instala trampas para capturarlos y sacrificarlos en el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà”, pero poco más hace fuera de esta zona protegida, explica Santiago Palazón, biólogo del servicio de fauna y flora del departamento de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat.
Los arroceros de Pals ven en este mamífero de aspecto similar a una rata de gran tamaño una amenaza para sus cultivos. “Come mucha hierba, se alimenta sobre todo de los cultivos que encuentra al lado de los ríos, como los arrozales, y excava galerías debajo de los campos de casi diez metros de longitud, provocando que se hundan a veces”, alerta Palazón. “En la Camarga francesa se ha convertido en una auténtica plaga”, señala Joan Pino director del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals y catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona.
El crecimiento de la población de coipo y su expansión por el territorio ponen en peligro la fauna y flora locales. “Compite por alimento con especies nativas, como la rata de agua, y altera los ecosistemas fluviales”, explica Pino. El director del Creaf advierte también que “es vector de distintos patógenos humanos, como la duela del hígado”.
Palazón indica que “se desconoce su población actual en Catalunya”, que estima en “unos varios centenares”. Lo que sí se sabe es que su crecimiento es rápido debido a su “gran capacidad de reproducción, de entre cinco y siete crías al año”, explica el biólogo y catedrático. Tampoco tiene “prácticamente depredadores”, indica Palazón. “La nutria lo es, pero hay muy poco ejemplares”, añade.
No es la primera vez que el coipo trata de asentarse en Catalunya. En la década de los años 70 se escaparon varios ejemplares de granjas de cría de coipos, pero no sobrevivieron “debido a su escasa capacidad de adaptación a temperaturas bajas”, explica Pino. Los ejemplares actuales descienden de coipos escapados de explotaciones francesas y que sí han logrado sobrevivir.
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