Todos somos una misión

Presbitero Hugo Walter Segovia

Comenzaba la guerra que, durante cuatro años, asolaría a la humanidad. Casi como para merecer el titulo de primera víctima de la guerra moría el 20 de agosto en 1914 el papa Pio X y comenzaba el pontificado de Benedicto XV que iba a durar ocho años, la mitad de cuyo tiempo lo tuvo absorbido por lo que la Iglesia había llamado “inútil matanza”.

No obstante ello hubo importantes hechos que se fueron dando en ese periodo. Podríamos evitar la promulgación del Código de Derecho Canónico, monumental trabajo de recopilación, así como la publicación de una encíclica, “Máximum Alud” que puede ser considerada como el punto culminante, por un lado, de todo el esfuerzo misionero de la Iglesia durante, sobre todo, los siglos XIX y XX pero también como la aurora de una nueva visión del trabajo nunca acabado de la Iglesia por llevar, a todo el mundo y a todos los hombres, la palabra evangélica.

Que el papa Francisco, al cumplirse el centenario de la publicación de esa encíclica, haya establecido la realización de una movilización para este mes de octubre nos habla de la importancia de ella pero también es un incentivo para que se valla ahondando en esa evangelización que, al decir Juan Pablo III debe ser “nueva en ardor, en sus métodos y en su expresión”.

Dar, comunicar, anunciar
“Bautizados y enviados” nos dice el papa a la Iglesia de Cristo en misión en el mundo y nos recuerda que la vida divina no es un producto para vender porque esa misión no es proselitismo sino una riqueza para dar, comunicar y anunciar. Así como Jesús decía a sus discípulos lo que hemos recibidos gratuitamente debemos compartirlo gratuitamente. “yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado es una misión” repite enfáticamente Francisco.

El mes misionero coincide con la realización del Sínodo de la región pan amazónica que bien puede ser una imagen de lo que esa misión. Aquí se puede ver que “ninguna cultura debe permanecer cerrada en sí misma y ningún pueblo debe quedarse aislado sino debe abrirse a la comunión universal en la fe, que nadie se quede encerrado en el propio yo, en la autor referencialidad de la propia pertenecía étnica y religiosa”. La encíclica, fechada el 30 de noviembre de 1919, por su parte fue, al decir del padre dominico Jacques Loe el “estallido de una bomba”. Este misionero que, en 1970 fue el encargado de predicar a Pablo VI y a la Curia romana los Ejercicios espirituales de Cuaresma, en su libro “la felicidad de ser hombre” recoge, por ejemplo duras palabras ya que condena “mecanismos ausentes o falsos que consiguen que en muchas regiones del mundo no haya sacerdotes autóctonos a pesar de ser poblaciones que conocen el Evangelio desde hace siglos”.

Llega a hablar de “la horrible peste” que representa que los misioneros exaltan la gloria e sus países” como anticipándose a lo que ocurriría décadas después cuando Juan XXIII ubica la descolonización como un signo de los tiempos” al mismo tiempo que el Concilio promulga el decreto “Ad gentes” sobre la acción misionera.

La plena luz del amor
Ya siendo Papa Pio XI (1922-39) serán ordenados los primeros obispos chinos mientras que ahora casi la totalidad del episcopado africano es oriunda del continente. Valgan estas épocas referencias para asociarnos a este centenario unidas a lo que decíamos el 3 del corriente cuando hablamos del Consistorio cardenalicio. La celebración de este mes misionero comenzó con la liturgia que el 1 de octubre comenzara a Santa Teresa del Niño Jesús que, paradójicamente, es una de las patronas de las misiones a la par de un misionero de la importancia de San Francisco Javier.

Ella, sin embargo, no salió durante su breve existencia del monasterio carmelita de Lisiéis. ¿Cómo entenderlo más allá de saber que ella aspiraba a ser misionera? Recurrimos a un sacerdote misionero, Jules Monchanin, quien nos demuestra que Teresa vivió el único aspecto necesario al apóstol desde el silencio del claustro haciéndose cercana a todos, desde el mendigo hasta el indio de la casta más noble sin desear solo que hacer vivir en si el sentimiento del pueblo que la rodea y cantar las grandezas y limites a la plena luz del amor.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*