En el año 2019 se aprobó con mayoría del oficialismo y convalidado por la votación positiva de los mayores contribuyentes, un significativo aumento de las tasas municipales (Alumbrado, Limpieza y Conservación de la Vía Pública) que alcanzó un 50%.
Para su aprobación el Sec. de Economía Pablo Ramajo, interiorizó al Concejo Deliberante de los pormenores que conformaron dichos cambios y modificaciones en porcentajes de las tasas a cobrar por Alumbrado, Barrido, Limpieza y conservación de la Vía Pública, servicios especiales de limpieza e higiene, espacio público y conservación, junto a la reparación y mejorado de la red vial municipal, a cargo de la administración municipal.
Dicho aumento significo para la ciudadanía otro golpe más al bolsillo y más teniendo en cuenta que el esfuerzo económico no se ve cristalizado con la prestación de servicios.
La recolección de residuos es un servicio imprescindible que, cuando no se cumple, afecta no solo la estética sino fundamentalmente la salud.
Hace varios meses que muchos vecinos, acostumbrados a la recolección diaria, sacan la basura como acostumbran y amanecen con las mismas bolsas en el lugar que la dejaron.
Lejos de los criterios de limpieza que alguna vez fueron vanguardia como ciudad turística, el casco urbano y la periferia son testigos desde hace un largo tiempo de una creciente acumulación de residuos. Ese panorama de intoxicación del espacio público se traduce a diario en incontables reclamos vecinales que se deben, fundamentalmente, a la falta de cumplimiento de los recorridos de recolección, al servicio de barrido y a la formación de basurales, que constituyen un serio problema sanitario en los barrios.
En cada rincón de la ciudad el panorama es lamentable. En todas las cuadras, hay bolsas de residuos con basura, y los basurines no dan abasto. En inmediaciones a las escuelas, en los barrios, en todos lados. La falta de infraestructura y recursos atenta contra la logística de recolección. Es imposible cumplir con la recolección de residuos con muy pocos camiones operativos y más teniendo en cuenta que en los meses de verano, la acumulación de residuos es mayor.
Al caminar por principales calles, avenidas y barrios es penoso ver cuánta basura se acumula en las aceras. Encontramos basura apilada, arrinconada, bolsas, latas, botellas, colillas, excrementos de perro, cartones, etc. Una imagen desgraciadamente cada vez más habitual en nuestras vías, que genera malos olores, infecciones, malestar social y problemas de convivencia.
Lo real y concreto es que la ciudad está sucia aparte de intransitable. La pregunta es: ¿Miramares una ciudad sucia? hace algunos años la respuesta sería un absoluto no. E incluso sobrevendría una discusión si alguien se atreviera a contradecir. Sin embargo, hoy el panorama es otro.
Una ciudad limpia indica prosperidad, cultura, orgullo, buen gusto. Las autoridades correspondientes deben asumir que el ornato también es el rostro, la carta de presentación de una localidad. Por lo que hay que poner más énfasis en la conservación y la pulcritud. En materia de turismo dejamos muchas carencias si le aplicamos el sentido común. Para los vecinos que hacen lo imposible para pagar sus impuestos, es urgente que de una vez por todas, dicho esfuerzo sea una prestación de servicios, como corresponde.