Enfrascados como estamos en la contienda electoral, es una nena que dejamos pasar por alto tantas iniciativas transcendentes. Una de ellas es la que tuvo lugar entre el 18 y el 20 de julio cuando Buenos Aires fue sede, por primera vez en 130 años, del Congreso Internacional de la sociedad Dante Alighieri Italia- Argentina. Esta institución se encuentra en 80 países y la integran 122.000 personas de las cuales 60.000 son alumnos. De las 482 sedes, dispersas por los cincos continentes, una tercer parte se encuentra en Argentina. En el encuentro, estuvieron 9.000 participantes. Es presidente de la sociedad una de las figuras más representativas del laicado, Andrés Ricciardi, a quien numerosas veces hemos citado en esta columna, Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Roma, autor de numerosos libros de investigación y difusión y responsable de la enorme tarea del martirio de la Iglesia de nuestro tiempo que tuvo su momento principal en la Jornada llevada a cabo en el coliseo de Roma en 2000 con motivo del Jubileo del milenio. Autor, por citar solo algunos títulos, de “Dios no tiene miedo”, “El siglo de los mártires”, “Evangelio en mundo cambiante”, “La paz preventiva” y la corrección del Diccionario de los santos. Fundador de la Comunidad de San Egidio que ha sido uno de los emprendimientos laicales más importantes de la Iglesia del postconcilio.
El colorido de muchas lenguas
Entrevistado por Elisabeth Pique nos hizo conocer los objetivos de este Congreso en el contexto de gravísima situación que se está dando en Euro en particular en una Italia cuya política se contradice con la tradición de una nación pacifica, acogedora y abierta. Ricciardi insiste en mostrar que si en el último año llegaron como inmigrantes a Italia 45.000 inmigrantes, salieron 300.000 personas de entre 34 y 44 años en busca de trabajo. Algo que nosotros padecimos en los últimos años del siglo pasado y los primeros del actual. El interrogante entonces es el papel que corresponde al idioma italiano en el mundo global. Es notable la cantidad de personas de todos los continentes que se sienten atraídos por su cultura, su arte, su gastronomía, su música, su cinematografía. Por su parte la globalización ha logrado configurar un mundo monocolor cuando lo que necesitamos es “colorearse en muchas lenguas”. Inspirador de la Comunidad de San Egidio, como presidente de la Dante Aligaleri es indudable que la espiritualidad de la Comunidad es la base de este emprendimiento. No en vano Ricciardi es uno de los promotores de la jornada antirreligiosa, de Asia en 1986 en la cual Juan Pablo II junto a los líderes mundiales de las grandes religiones, oraron por la paz constituyendo un gesto de proyecciones proféticas que la comunidad, desde entonces viene repitiendo cada año en distintos lugares del mundo como lo hará en septiembre en Madrid. Lugar destacado el apoyo al gesto del papa Francisco en Lesbos que entra a formar parte de un elenco impresionante de referentes sobresalientes de la historia de estos tiempos tormentosos.
El italiano nos une
En un cálido libro (Lucia Causa, “Rosa de dos mundos”, ediciones palabra, Madrid, 2014, 171 p.) la autora nos introduce en la historia de la abuela del papa Francisco. “la mujer que más influencia a tenido en su vida” como el mismo lo ha dicho, consecuente con las muchas veces que ha dicho que “los abuelos son la sabiduría de la familia, la sabiduría de un pueblo y, por ello, un pueblo que no escucha a sus abuelos es un pueblo que muere”. Unido a lo referente a la Sociedad Dante Alighieri y a esa expresión propia también del papa de referirse a lo que él llama “dialecto con la familia” que tiene que ver también con la finalidad de la sociedad que se reduce a la defensa y promoción de la lengua italiana sino también a la de las religiones, referirnos a este libro nos resulta una tierna oportunidad aunque, por razones de espacio, limitándonos a lo que Lucia dice en la conclusión de su trabajo, “El papa de dos mundos”, Francisco no solo conserva en el breviario, junto al testamento de Rosa, la primera estrofa y el resto del largo poema de Nino Costa “el canto de los emigrantes piamonteses, su grito de dolor y su esperanza. Se la enseñaron sus abuelos durante su infancia en Flores. Italia siempre ha formado parte de la esfera mas intima de Francisco que no esconde su admiración por Alessandro Manzoni y Aldo Fabrisi. Ademasde la cultura ha interiorizado el desarraigo, el ansia de construir, la fe y la voluntad de futuro que han acompañado a los italianos al Plata. Un rasgo que lo hace profundamente argentino, país de inmigrantes y porteños, de la ciudad que hace de puente entre el Viaje y el nuevo Mundo.
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