Pastor, profeta, poeta

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

“Este Araguaia es una vena abierta de las muchas de América Latina. Junto al Araguaia ahora, en silencio, uno oye muchos gritos, evoca muchas luchas, escucha el clamor de muchos muertos”.

Así se refería el obispo de Sao Félix a la prelatura de la que había sido nombrado obispo en 1971, tres años después de su llegada como misionero claretiano, procedente de su Cataluña natal.

Un enorme territorio de 150 mil kilómetros y en un Brasil inmerso en una interminable dictadura.

Allí, el pueblo oraba: “derrama, Señor Espíritu Santo sobre este nuestro Araguais, protege a los indios, a los sertanejos y a cuantos viven en sus orillas/multiplica los peces, los pájaros y las plantas que enriquecen las aguas, las márgenes y el cielo de este rio, aumenta el cuerpo y el espíritu de los que buscan en el Araguin el pescado y el amor de cada día, y acompaña a los que viajan por estas aguas y fortalece sus brazos y la esperanza de las mujeres valientes que ganan el sustento de sus hijos lavando la ropa en este caudal, bajo el rigor del sol y de la pobreza, y purifica la alegría de aquellos que en estas playas buscan recreo y paz, y llévanos a todos, vencidas las tempestades de la vida, el puerto seguro de la gloria”.

Entre el misionero Pedro Casaldaliga y la gente de la prelatura se produjo una unión indisoluble de manera tal que allí se hacía realidad algo que el diría muchas veces: “la Iglesia es a su pastor lo que el pastor es a su Iglesia”. Para ello, en largos años de episcopado un pueblo asumido en su realidad, una comunidad orgánica y una evangelización dinámica como los caminos a recorrer.

EL PASTOR Y LAS OVEJAS

Casaldiga era un intelectual ya, muy reconocido como poeta en los círculos más exigentes y hasta se destacaba como guionista en la TV. No obstante su juventud para muchos era un digno representante de una renovación cultural que había recibido al Concilio Vaticano II como un aire fresco.

Por ello llamaba la atención de los numerosos visitantes que llegaban al Mato Grosso a visitarlo y a interiorizarsede las características de una pastoral que era exponente de palabras, también suyas: “no nos empeñemos en permanecer en el pasado porque el Evangelio siempre es futuro”.

Dice así uno de ellos que vio llegar al correo libros, revistas, folletos, cartas de todo tipo y lugar, seminaristas que le escribían fascinados por su tarea y pidiéndole orientación vocacional y visitarlo, promociones de fin de curso que le ofrecían ser padrino de sus carreras universitarias, peticiones para predicar retiros, notificaciones de conflictos de tierras de muchos lugares del inmenso Brasil, labradores huidos, ocultos en las florestas, periodistas privados de su libertad.

Perez Esquivel pidiendo oraciones por Justicia y Paz pero, además, de personas en búsqueda de Dios, invitaciones de muchos lugares del mundo para asistir a congresos contra las armas nucleares y hasta del festival internacional del teatro. A pesar de todo ello, y debido a la represión oficial, no pudo viajar sino en contadas oportunidades.

El obispo, lejos de todo lo que no condicionara con su opción por el Evangelio sufrió con paciencia las amenazas permanentes así como el encuentro y asesinato de sus colaboradores, varios de ellos por haber errado los disparos dirigidos hacia él.

IGLESIA QUE DUELE

Son conservadoras sus palabras que siempre lo eran envueltas en la belleza literaria que brotaba de toda su persona. Por lo menos, citamos alguna de ellas: “me duele el mundo porque no es como lo quiere Dios. Y me duele nuestra Iglesia porque no es como pienso que la soñó Jesús. Me duele, quizás me duele a mí mismo como cristiano y como pastor porque no somos lo que deberíamos ser.

Estoy convencido que la pasión por el Reino y el amor familiar a la propia Iglesia como medio del Reino debenempujarnos a la denuncia, a la corrección fraterna, a la libertad para la transformación. Saben cómo me indigna el prurito de querer salvar la imagen compuesta de la Iglesia cuando lo que debemos salvar es la misión evangélica de la Iglesia que es santa y pecadora”.

Su tierra y su tiempo, la Iglesia y el pueblo, el mundo y la historia unidos siempre durante muchos años que no lo cansaron y que lo acompañaron hasta ahora en que termino su peregrinación.

Las incomprensiones que también desde la Iglesia fueron el amargo pan de muchos de sus días, suponemos que habrán pasado a segundo plano ante tantos gestos del Papa Francisco que parecen inspirados por sus plumas y por su vida. Pero sobre todo, al ver si nombre y su poesía, citados por el en la exhortación post sinodal “Querida Amazonia” puede haber sido como el viatico para enfrentar el último viaje, esta que emprendió también en medio de la novena de la Asunción de María la que lo acompaño siempre y de quien escribió: “es hora de decirle algo a la Virgen para que ponga su mano acunadora, sus ojos maternalmente dulces sobre tanta herida y tanto desencuentro.”