Hoy nuestra Casa, nuestra Parroquia, nos necesita a todos. A raíz de la pandemia del coronavirus desde el mes de marzo vimos suspendidas todas las actividades religiosas.
Sin misas presenciales, sin administración de sacramentos, sin cercanía, sin ese contacto fraterno que nos mantiene unidos como comunidad.
En todo este tiempo hubo que hacer frente a los gastos fijos de la Parroquia con las reservas provenientes del verano ya que no tuvimos nuevos ingresos.
Los servicios de la Parroquia y las Capillas (los mínimos son altísimos), los sueldos del Secretario y de la colaboradora de la Casa Parroquial sumado a la cantidad de arreglos edilicios que se presentaron, muchos de ellos pendientes de ejecución- están agotando nuestros ahorros.
Ya van seis largos meses y nos enfrentamos a una temporada incierta. Los eventos que pudimos realizar respetando el distanciamiento social obligatorio (venta de locro y pastelitos) y la colaboración económica que muchos fieles han acercado, no alcanzan.
Necesitamos implementar un sistema más organizado, que nos permita hacer frente sin sobresaltos a los gastos fijos mensuales.
Por eso hemos lanzado una planilla donde cada uno consignará el monto con el que puede colaborar mensualmente. La idea es que cada uno de nosotros asuma de manera concreta y comprometida en el tiempo la responsabilidad que le corresponde como integrante de la comunidad parroquial. Somos nosotros, los fieles, quienes debemos contribuir al sostenimiento material de la Iglesia.
Así lo establece el Catecismo en su quinto precepto: “Ayudar a las necesidades de la Iglesia” (cf ca. 222) y así lo entendían las primeras comunidades cristianas.
Como sucede en la vida de nuestras propias familias, así también las comunidades cristianas se edifican con el aporte de cada uno de los que las formamos. Nuestra Casa nos necesita, ayudemos a sostenerla.
“Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón… porque Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9, 7)
Consejo de Asuntos Económicos (C.A.E)