LAS BRASAS BAJO LAS CENIZAS (II)

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

El tercer camino que el Cardenal Martini proponía para sacar a la Iglesia del cansancio, hacía referencia a los sacramentos. De una manera particular hablaba del sacramento del matrimonio y el urticante tema de los divorciados.

Decía: “ni el clero ni el derecho eclesiástico pueden reemplazar la interioridad del hombre”. Y se preguntaba si llevamos los sacramentos a los que necesitan fuerza como los divorciados, las “familias alargadas” que necesitan una especial protección ya que de ello depende, en gran medida, la cercanía de la Iglesia con las nuevas generaciones.

No cuestiona la indisolubilidad pero pide una especial protección sobre todo cuando las preguntas personales están en peligro porque si esa nueva familia se siente discriminada también los hijos se sienten extraños. Si no experimentan el sostén de la Iglesia ella perderá a las generaciones que vienen.

Nosotros antes de comulgar decimos: “Señor, no soy digno que entres en mi casa” y así reconocemos que el amor es una gracia”. ¿Cómo puede la Iglesia ayudar con la fuerza de los sacramentos en situaciones complejas?”.

EL AMOR QUE VENCE

Termina la entrevista y la pregunta que piensa el frente a todo esto y él contesta: “la Iglesia está atrasada 200 años, ¿cómo es que no se sacude?.
¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de coraje?. De todos modos, la fe es el fundamento de la Iglesia. Yo soy viejo y enfermo y dependo de la ayuda de los demás. Personas hay cerca de mí que me hacen sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que percibo cada tanto respecto de la Iglesia en Europa, solo el amor vence al cansancio. Dios es amor. Yo también te hago una pregunta a ti: ¿Qué puedes hacer por la Iglesia?”.

En nuestra columna del 6 de febrero al comentar el discurso de Navidad que pronunció el Papa Francisco a la Curia Romana, hizo alusión a esta famosa entrevista.

Pensando que ella tuvo lugar a medio año de su elección y sacándole la espectacularidad de los 200 años a la cual muchas han reducido la entrevista, no cuesta demasiado encontrar semejanzas. Si analizamos los caminos que el cardenal sugiere, el tema de la conversión como el de la preponderancia de la Palabra de Dios y la atención a los divorciados están en la primera plana de la pastoral bergogliana remarcando los matices que muestran, además, la riqueza de posturas y de acentos que se dan en una Iglesia que tiene muy en cuenta los signos de los tiempos pero no los separa de los signos de Dios que está encargada de proponer en todos los tiempos y en todos los lugares.

Un importante trabajo podría ser ver el paralelismo entre la intervención del arzobispo de Buenos Aires y el contenido de este reportaje.

WOJTYLA. RATZINGER. MARTINI

Importante reconocer la dimensión del cardenal para lo cual la opinión del vaticanista Luiggi Accátoli viene en nuestra ayuda.

Martini había sido presidente del Consejo de las conferencias episcopales de Europa así como copresidente del Encuentro ecuménico de Basilea, había logrado la entrega clamorosa de armas terroristas y premiado por la distinción Príncipe de Asturias, por citar apenas algunas de sus “variados y a menudo dramáticos” momentos.

A la muerte de Juan Pablo II ya había renunciado al arzobispado de Milán, tenía 78 años, vivía en Jerusalén como maestro y discípulo de la Palabra. De él como candidato a la catedra de Pedro todos hablaban.

En la reunión de los cardenales que preparaban el Conclave el 11 de abril habló y se refirió a la evangelización, al ecumenismo, a la paz, a los pobres, a la sinodalidad en todos los niveles de la Iglesia, a buscar un nuevo lenguaje para llegar en particular a los jóvenes porque, dijo, “hemos perdido una generación en Europa”.

Durante los 27 años de Juan Pablo II fueron figuras protagónicas Martini y Ratzinger.

Cuando Juan Pablo celebro sus bodas de plata en el papado regalo como recuerdo a los demás cardenales una recopilación de textos de Martini a lo cual había prologado Ratzinger.