Padre Hugo Segovia
Los 22 años que duro el episcopado del Cardenal Martini en Milán (1980-2002) pueden entenderse si recurrimos a lo que él decía a una peregrinación de su arquidiócesis que los llevo a Jerusalén en 1992.
“María Magdalena no reconoce a Jesús resucitado en la mañana de la Pascua. Es la imagen de nosotros mismo cuando juzgamos a la Iglesia sin saber que Jesús está presente. Lloramos y buscamos sin sentido y sin fruto.
Hace falta una actitud de confianza porque de ese sepulcro Jesús ha dado fuerza y sentido a la vida”.
La figura de Martini ha sido ejemplo de fidelidad a la palabra de Dios no circunstancial sino matrimonialmente unida a la historia.
No es casualidad que su primera pastoral estuvo dedicada a “la dimensión contemplativa de la vida”. Un experto en la Biblia que dio vida a las escuelas de la Palabra en toda su arquidiócesis y que, como dijo Pablo VI cuando se presentó en la O.N.U., era experto en humanidad”. De allí tampoco es casual que Martini predico el último retiro cuaresmal en 1978, año de su muerte.
En el momento inesperado que estamos viviendo no está de más conocer lo que el cardenal dijera a pocos días de su muerte en lo que ha sido llamado su testamento espiritual.
BUSCAR LAS BRASAS
El Jesuita Georg Sporschill quien lo había entrevistado años antes en lo que aparece en el libro “Conversaciones nocturnas en Jerusalén” (allí el cardenal contestaba a la pregunta “¿Qué haría hoyJesús?”) dialogo con el 18 de agosto del año 2012 (falleció el 31 de agosto)
A la pregunta ¿Cómo ve la situación de la Iglesia? responde: la Iglesia está cansada en la Europa del bienestar y en América. Nuestra cultura ha envejecido, nuestras Iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el aparato burocrático crece, nuestros ricos y nuestro ropaje son pomposos. Pero ¿todo esto expresa lo que somos?. El bienestar pesa, nos parecemos al joven rico que se entristeció cuando Jesús lo llamo a ser su discípulo.
Sé que no podemos dejar todo fácilmente pero debemos si buscar hombres libres y que estén más cerca del prójimo. ¿Dónde están las figuras en las cuales inspirarse?. De ningún modo debemos reducirlos a los límites de la institución”.
Pregunta luego que puede ayudar a la Iglesia hoy. Responde Martini: “KarRahner hablo de las brasas que se esconden debajo de las cenizas y es cierto que son tantas. ¿Cómo hacer para rejuvenecerlas?. Primero, buscar éstas brasas y ver dónde están los nuevos samaritanos, donde la fe del centurión, el entusiasmo de Juan Bautista, la audacia de Pablo, la fidelidad de María Magdalena… Nombres, vecinos a los pobres, rodeados de jóvenes y experimentando nuevos caminos.
Nombres que ardan de manera que el Espíritu Santo pueda difundirse por todas partes.
Viene la pregunta sobre los instrumentos hacen falta para curar el cansancio. Así responde: “encuentro tres: primero, una conversión que reconozca los propios errores y emprender un camino radical de cambio respecto de la pedofilia y las preguntas acuciantes sobre la sexualidad.
Preguntarse si nos escuchan todavía o solo aparecemos como referentes o caricaturas en las masas media.
CORAZONES QUE ESCUCHEN
El segundo remedio, prosigue, es si la Palabra se percibe en el corazón y si está al servicio del rejuvenecimiento y si desde ella respondemos a los interrogantes y comunitarios.
La palabra es sencilla y solo si se la percibe desde el corazón forma parte de los que contribuyen al rejuvenecimiento, ella busca como compañero un corazón que escucha. Todo en la Iglesia (las leyes, las reglas, los dogmas, los ritos) están al servicio del discernimiento de los espíritus. El tercer camino es entender que los sacramentos no son, en primer lugar, para el cumplimiento de una disciplina sino un auxilio para los caminantes y sus debilidades”.
Aquí en cuando Martini dijo que la Iglesia estaba arrastrando 200 años de atraso que es lo que, en gran medida, quedo de esta importante declaración.
La ponemos entre signos de interrogación porque necesitamos seguir profundizando sobre estos temas.