Padre Hugo Segovia
Al llegar a este 31 de diciembre, como lo hacemos todos los años en la última columna semanal, encuentro que no podemos hacerlo como lo hemos hecho desde 2003.
Hacíamos zonas las doce campanadas del año agonizante con las noticias que nos parecían más importantes y otras doce que iban marcando las esperanzas que teníamos para el año en pañales.
Nuestro poeta Juan Gelman en 1954, escribió lo que hoy respetuosamente quiero dejar como mi saludo de Año Nuevo.
Creo, con todo, que es útil ese repaso pero tengo la impresión que todo -o la mayor parte- lo que ocurrió pasó a segundo plano porque la pandemia se hizo dueña de nuestras vidas.
No obstante ello “el mundo sigue andando” y dispuestos ya al brindis y al abrazo que expresan nuestros sentimientos, encuentro en este poema lo que deseo expresarles: mi saludo fraternal y agradecido a todos los que me han acompañado a lo largo de 900 semanas.
Dice el poeta: ¿Quién dijo alguna vez/ “hasta aquí el hombre/ hasta aquí no?. / Solo la esperanza/ tiene las rodillas nítidas, /sangran”.
De la esperanza hablamos al comenzar el Adviento. Queríamos mostrar desde el Evangelio que no se trata de cruzarse de brazos para que las cosas cambien o de una confianza insensata para que sucedan.
En muchas oportunidades hemos podido escuchar las palabras de nuestros obispos. Estuvo siempre presente la palabra esclarecedora del Papa Francisco sobre todo porque es una palabra no solo verbal sino rubricada por los gestos de cada día. También, con alegría también la de muchos pastores nuestros.
Cansados de los lugares comunes, los fáciles eslóganes, los pronósticos pesimistas, el obispo auxiliar de Córdoba, Pedro Torres, nos decía: “necesitamos el pan de la Palabra, el pan de la Eucaristía y el pan de la fraternidad y comprometernos así en el cuidado de la casa común sin dejar que se oscurezca la esperanza o se reduzca a metas de éxito que dejan frío y vacío el corazón”.
Es que solo la esperanza tiene rodillas nítidas no porque celosamente se las cuide sino porque sangran ya que “conviene orar siempre sin desmayar”.
LO QUE EL VIENTO NO BORRO
Por más imágenes que van pasando por la mente creo que la más impactante es la del Papa aquella tarde del 27 de marzo en la solitaria plaza de San Pedro.
De ella recojo lo que escribió el obispo emérito de Villa María. José A. Rovai: “me impresionó ver al Papa subir por la escalinata de la basílica fatigado, solo con una sotana blanca y la lluvia. Me sentí tocado por la sencillez y el despojo, por su concentración y también por su actitud austera y piadosa.
Una actitud que me llevó a pensar “que hermoso es que podamos contemplar a quien nos preside en la caridad, confiado únicamente y despojado de todo lo que pudiera empañar su figura evangélica de servidor de la Iglesia y de la humanidad. Es lo que Jesús quería de Pedro. Aparece un hombre, confiado en su misión apostólica y que desea infundir, a todos, esperanzas y confianza”.
Pocas veces como este año se ha hablado tanto. Todos opinaron a veces en forma desproporcionada en lugar de dar espacio a los expertos los cuales tampoco supieron utilizar, tantas veces, el lenguaje adecuado para hacer accesible lo que querían comunicar.
Rastreando también palabras muy oportunas he optado lo que otro obispo argentino, el de San Justo, Eduardo García, en un homenaje a un sacerdote fallecido a consecuencia del coronavirus.
Además me resultó útil para saldar una omisión ya que en su momento no hice mención del hecho.
Se trata del Padre Basilicio Britez, más conocido como “Bachi” quién mereció del obispo palabras que ahora adquieren el título de las palabras del año.
Dijo el obispo: “perdón por censurarlo tanto a él como a su gente que venía al son de murgas y con poncho”… “se es cura desde adentro hacia afuera y, vos, lo eras desde lo más profundo”… “perdón porque tantos celosamente cuestionamos la voz del pastor bueno y que la gente lo siguiera.
Las ovejas reconocen la voz del pastor porque seguramente encontraron en él lo que nosotros no le dimos”… “perdón, Bachi, por no haber respetado al Dios que te llamó desde atrás del rebaño, desde las raíces de tu pueblo, por haber pretendido meterte en un molde y cortar así el don que El quería para nuestra Iglesia”… “como dirán aquellos profetas “yo no soy nada, yo no soy nadie” y el Señor les dirá: “sí vos donde quieras que vayas vas a hablar a mi pueblo”.
Y perdió el miedo al barrio, vos que conoces el palpitar de este barrio desde adentro, vas a ser el corazón que entiende a la gente, el que los abrace como el buen samaritano”… “eso es lo que Bachi sembró en este barrio y en la Iglesia de San Justo. Existe un San Justo que tenemos que mirar, más allá del Camino de Cintura, hay vida allí”… “Bachi se metió el barrio en su corazón de la Iglesia. Bachi seducido por Dios y, sin duda Dios se dejó seducir por el amor de Dios hacia el pueblo”.
Más allá de temores y pronósticos, de inseguridades y partidas, demos gracia a Dios por el año inesperado y comencemos otro dispuesto a desaprender caminos y aprender otros nuevos.