Cada domingo, desde hace 16 años, Oscar Caballero conduce por LU9 un espacio radial que reúne a las comunidades españoles de Mar del Plata y de muchos lugares del sudeste bonaerense.
Ahora hemos asistido a lo que él llama su “alumbramiento literario” (Oscar Caballero, “Augurio de una tarde feliz”, Colección ¡Arre que va!, Mar del Plata, 2019, 162 p,) que el Centro Gallego “ha cobijado bajo su techo” con el orgullo que cuadra a quienes son depositarios y transmisores de una manera de pensar y de vivir que se mostro el 8 de julio, donde no falto la clásica Queimada. La Casa de Galicia de Mar del Plata en plenitud.
Se trata de una historia que, a través de coloridas imágenes, nos muestra lugares, hechos y personas en torno al desgraciado naufragio ocurrido el 7 de julio de 1969 del buque “Pionero” entre Punta Médanos y San Antonio. Uno de los nueve tripulantes era Jose Caballero, “Pepe en la banquina de pescadores y en su propia casa”; sobre todo, el padre de Oscar.
Era uno “de los cinco millones de españoles que, según estimaciones, habían abandonado su patria en la segunda mitad del siglo”. A el, junto con su esposa Otilia, “Galicia los había despedido con su habitaul cielo cubierto y una fina ilovizna que hacia mas lúgubre la partida”. Era el 1 de julio de 1952, “from Vigo to Buenos Aires” y “exactamente a las 17.10, Oti y Pene “se tomaron de la mano y lentamente comenzaron a atravesar el puente que unía el muelle con el buque!.
La gente pescadora y marinera
Nos le cuente Oscar con esa minuciosidad propia de quien no solo relata los hechos sino que los siente como atravesando su vida. “Las simples cosas” que cantaba Isella.
El relato del naufragio del “Pionero” que es el eje de todo el relato se traslada a todos los ámbitos de la vida de ese niño que tenía como referente a la luna con el que media la ausencia de su padre pescador.
Así con el futbol, al cual debe incluso el titulo de la novela y que muestra a “Un Oscarcito feliz por River y cuya “desmedida afición Futbolera lo hacía “correr hasta su habitación para llorar en silencio, sin historia ni gritos, ahogado por la angustia de lo irreversible”.
Pero también a experimentar el gusto de la empanada gallega porque “los sabores insustituibles traídos de la tierra se fueron mezclando con otros tradicionales de la gastronomía autóctona” y descubrir esa “fusión culinaria” hasta ese sabayón hecho con azúcar, oporto y nostalgia”.
No hay nada que escape a la óptica de este niño que no enternece cuando nos hace compartir la felicidad de su padre que le había prometido construirle un caballito de madera a la vuelta de su viaje.
Es así como interioriza ese desarraigo que cantaba Rosalía de Castro “se ha ido como el barco perdido que para siempre ha abandonado al puerto”. La misma que a su madre, la llevaba a preguntarse” si todo lo que vivíamos en América podrá compensar el dolor de la partida”.
No hay quien pueda
La historia es todo un himno que nos ayuda a reconocer esos barrios populares con su continuo aterrizaje de gente y de culturas, muchas y distintas, pero que fueron capaces de “mezelarse, encontrarse y ayudarse” como pedía el papa Francisco a los rumanos, hasta el punto de convertirse en una nueva creación.
Es un homenaje a quienes se honran porque son fuertes en llevar adelante sus vidas, sus familias, su trabajo, que tienen una vida difícil, que luchan por llevar adelante. Lo que leemos: “todo lo que había en la casa era fruto del trabajo, el esfuerzo y el ahorro” y a que no olvidemos el numero de la calle Juramento 1254 adonde el cartero llevaba las cartas y como símbolo también el de esa inculturación, lo hacía entonado “la rianxeira” cuando provenían del “finis terrae”.
Nos ha emocionado Oscar con cada una de las páginas de esta historia como se emocionaba Otilia, “gallega inmigrante de toda de una capacidad especial para hacer frente a la vida” cuando lagrimeaba mientras tenía en la cocina viendo la telenovela de Beatriz Taibo y Atilio Marinelli.
Son algunos de los pantallazos que nos brinda esta novela. Durante varios años se dejo invadir por la “morriña” gracias a la cual podemos ahora disfrutar de este testimonio, digno de ser conocido por todos los marplatenses.
En particular, agradecerle sus referencias a la guerra civil, a esa fecha! 14 de abril de 1931, “día en que lo españoles soñaron con un país justo e igualitario” y que alguna vez Pepe quiso tatuarse. Nueve días antes, yo había nacido.
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