El grito del Amazonas

La publicación de la encíclica “Laudito Si”. El 29 de junio del 2015 es uno de los acontecimientos más revolantes del pontificado del papa Francisco. A partir de ella el tema ecológico dejo de ser una cuestión marginal. Así como la problemática social se fue adentrando en las enseñanzas y la vida de la Iglesia, y ello se dio, no sin a veces grandes dificultades, lo relativo a la Casa Común ha entrado por la puerta grande y tampoco le faltan incomprensiones interesadas y lecturas reduccionistas.

Podemos recordar el establecimiento de la Jornada que se lleva a cabo el 1 de septiembre y que lo hace en consonancia con la Iglesia ortodoxa que ya la tenía en su calendario. Pero más aun el anuncio que el papa hizo del Sínodo y hasta la incorporación del tema de la Casa Común a las obras de misericordia.

A propósito de ello el cardenal Pietro Parolina, Secretario de Estado del Vaticano, hablaba en la sede de la O.N.U. y decía: “es preciso atender especialmente a la Amazonas tras los recientes incendios dada la importancia de ese sistema para el futuro de la humanidad”. Y apuntaba a referirse a la realización del Sínodo que se trata de “un foro centrado en asuntos eclesiásticos pero dará atención a las poblaciones indígenas de la zona y a los asuntos humanos, ecológicos, sociales y económicos que afectan a la región”.

TODO POR EL AMAZONAS

La región pan amazónica abarca parte de Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guayana, Surinam y Cuyana Francesa, un total de 7,8 millones de km2 y sus bosques conforman el 40° del área global de bosques tropicales del planeta. En cuanto al Sínodo, en este caso denominada asamblea especial, el tema es “Amazonas: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” y participaran del mismo 180 padres, todos los obispos de los países pan amazónicos y también 13 responsables de los dicaste ríos de la Curia romana, 33 elegidos directamente por el papa, 15 elegidos por la Unión de superiores Generales, 25 expertos, 55 auditores y auditoras, 6 delegados fraternos y 12 invitados especiales.

El cardenal italiano Lorenzo Baldiserri es el Secretario del Sínodo y como presidentes delegados han sido elegidos el cardenal brasileño Joao Brazo de Aviz, prefecto de la Congregación para los religiosos, el peruano Ricardo Barreto Jimeno, arzobispo de Huancayo y Baltasar Porras Cardozo, venezolano, arzobispo de Meridas. De Argentina se registran dos obispos, el de San Isidro, Oscar Ojeda y el Reconquista, Ángel Marcin y un sacerdote franciscano, párroco de Corrientes, Sebastián Robledo. Un total de 25 cardenales en una asamblea que reúne representantes de todos los continentes y es una clara expresión de la universalidad de la Iglesia. Aquí se destaca la figura del cardenal brasileño Claudio Humas, emérito de San Pablo que adquirió nombre aquel 13 de marzo de 2013.

Tuvo una intervención notable en vísperas del Sínodo en la misma catedral de San Pablo donde implícita referencia a las actitudes nacionalistas y anti ambientales del gobierno: “en esta crisis socio ambiental, tan grave, el Sínodo no es una instancia cerrada pero si una ocasión para pensar los graves problemas de la humanidad”.

ESTE MUNDO HERIDO

La encíclica hablaba del “grito ecológico” y no sería inoportuno hablar ahora de este “grito sinodal” que el papa Francisco puso bajo la intercesión de San Francisco de Asís, con toda razón, patrono de la ecología. Un grito que golpea la conciencia, con datos, referencias alarmantes en la que no faltan mártires que con su vida han dado testimonio creíble. Una Iglesia que hace la voz y que durante un mes concitara la atención de una humanidad acosada de tantas maneras.

Los verbos que, en gran medida, han puesto de moda el magisterio y la praxis pastoral del papa latinoamericano no deben quedar encerrados en el aula sinodal ni en los titulares, muchas veces reducidos a lo llamativo y hasta escandaloso, de los medios. Ojala se hagan patrimonio del quehacer diario de todos los que necesitan y merecen un mundo más justo.

Esas palabras son: “proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar”. Sin que falte la oración a la Reina de todo lo creado, la Madre que cuido a Jesús y ahora lo hace, con afecto y dolor materno, con este mundo herido y se compadece del sufrimiento de los postes crucificados y de las criaturas arrasadas por el poder humano”.

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