Hace poco tiempo se produjo el cierre del comercio “Casa Garros” tradicional ferretería de la ciudad de Miramar. Su titular Norberto Garros, más conocido como Mamo falleció recientemente y su familia resolvió terminar con la actividad comercial.
El local hoy se halla en alquiler. Pero queremos en memoria y recuerdo a quien durante tantos años llevara adelante ese negocio, primero con su hermano Lulo y luego en forma individual, publicar parte de un cuento del libro de Vilma Brugueras “Ocurrió en Miramar”, donde en uno de sus capítulos desarrolla el que se llama “Historia de Barrio “ y dice así: “ Mi nombre es Norberto Garros, pero todos me dicen Mamo.
Cuando tenía cuatro años mi papa se fue al cielo. Mamá Leonarda quedó sola para cuidarnos, a mí, a mi hermanito Lulo y a mi hermanita Gladis que había nacido un mes atrás. Vivíamos sobre la calle 9 de julio, que era toda de tierra, entre la 22 y la 20. Para achicar gastos mama había alquilado el local que teníamos frente a la vivienda, al señor Vicente Grilli, que allí instaló una inmobiliaria. Como mama era maestra daba clases particulares en casa.
Por ser el mayor sentía que debía ayudarla, pero no tenía edad suficiente para hacerlo, por eso, cuando cumplí ocho años me fui hasta la pensión de doña Zulema Triaca de Honores a pedirle trabajo. La buena señora tenía el mismo problema que mamá, su marido Albano Honores que había sido intendente del pueblo dos veces, una en 1921 y otra en 1927, murió en el primer año de su segunda intendencia, dejándola con veinte años y dos niños pequeños, Albano y Roberto. Ella había abierto una pensión cerca de casa, era muy querida en el lugar y tenía muchos pensionistas.
Creo que le di lástima porque enseguida me contrató como mandadero. Mi trabajo consistía en llevarle la vianda a Don Vera, el sepulturero, que vivía en una casita cerca del cementerio. Mi trabajo no era fácil, sobre todo en los días de lluvia, cuando la 26 era toda de barro y tardaba en secarse porque estaba bordeada por enormes eucaliptus. Cuando llegaba a casa tenía que sacar el barro de los rayos de mi bicicleta con un palito. Yo igual estaba muy contento porque las moneditas que me pagaban eran para ayudar a mi familia.
Mis amigos preferidos eran el Beto Arbelaiz, que tenía un hotel cerca de mi casa y el Cholo Spina que tenía una pescadería a la vuelta, sobre la 20. Los tres íbamos a la escuela Nro. 1, que funcionaba en la casa del Senador Camet, en la calle 17 e/ 34 y 36. Francisco Camet ya había sido cinco veces el Intendente del pueblo.
Con mis amigos éramos muy compañero y nos divertíamos mucho haciendo travesuras. La más interesante ocurría en el hotel que estaba enfrente de casa, el Miramar Hotel. Su actual propietario que lo inauguró el 10 de enero de 1912 era un francés de nombre Juan Pecastaing, había llegado a la Argentina en 1885 y tenía varios hoteles en Buenos Aires.
En Miramar compró El Argentino, primer hotel del pueblo, que lo explotaba Pedro Celestino Guerricagoitia, propietario, además , de una flota de chatas y , luego de arreglarlo muy bien, lo abrió para los veraneantes que se pasaban aquí los cuatro meses de verano, aunque permanecía abierto todo el año.
El hotel era muy lindo, tenia cincuenta y dos habitaciones, jardines, servicio de restaurante y salones de baile. A nosotros, lo que más nos atraía era el molino que estaba en uno de sus patios. A la tardecita nos trepábamos hasta lo alto y desde allí espiábamos la pensión que estaba en la calle 19 casi 16.
Era una pensión algo disfrazada ya que desde el atardecer entraban parejas por horas…. Otra picardía que hacíamos con mis amigos era robarles las tortas negras a Helio Galli cuando repartía el pan. Estacionaba su carro de madera tirado por un caballo con arreos decorados con tachas de bronce brillante, frente a la entrada del Miramar Hotel que daba sobre la 20.
Mientras entregaba el pan y charlaba con una mucamita, nosotros levantábamos la tapa del asiento y nos servíamos una enorme y deliciosa torta negra….. Cuando cumplí diez años cambié de trabajo, me fui a la playa para trabajar como mandadero de Irma Laplazote de Gauna, dueña de la confitería Miramar que estaba sobre la rambla….” del Libro de Vilma Brugueras.
Queremos con esta publicación recordarlo y reconocerle el esfuerzo realizado con su familia en el sostenimiento del comercio que era tan tradicional en la ciudad, como el aspecto humano que lo caracterizaba y que turistas y vecinos siempre destacaban. De Casa Garros aún permanece un importante Bazar, amplio, con gran cantidad de productos que también constituye un lugar obligado de visita en Miramar, actualmente dirigido por la hija de Lulo Garros.