Ayer, hoy y siempre: “La llamada ecológica”

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

No se había confirmado aún la participación del Papa Francisco en la COP de Dubái a realizarse en estos días cuando, él 4 de octubre se publicó la Exhortación Apostólica “Laudate Deum” al llegar a los ochos años de la encíclica “Laudato si”.

La fecha de la Exhortación coincide con la festividad de San Francisco de Asís pero también, como corolario del Tiempo de la Creación que la Iglesia ha establecido celebrar, desde el 1 de setiembre, unida a las comunidades orientales como muestra también del aspecto económico que debe impregnar esta problemática crucial.

Por eso, no llama tampoco la atención que, era medio del fragor de los tiempos papales, se haya decidido a participar de la COP poniendo otro nuevo peldaño en su papado.

Es importante que recurramos a sus propias palabras para adentrarnos en este capítulo fundamental de la Iglesia de los tiempos.

“Decir que” no hay nada que esperar de este evento sería suicida porque significaría exponer a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, a los peores impactos del cambio climático “dice el Papa en la última parte del documento y agrega que seguir esperando que la COP 28 permita una aceleración decisiva de la transición energética con compromisos efectivos sujetos a un seguimiento continuo, esta Conferencia puede representar un cambio de dirección”.

Y agrega que “la necesaria transición hacia fuentes de energía limpias como la eólica y la solar y el abandono de los combustibles fósiles no avanza al ritmo necesario, cualquier cosa que se haga corre el riesgo de ser vista solo como una entrada como para distraer la atención”.

URGENTE Y NECESARIO

El documento consta de seis capítulos y 73 párrafos y en ellos el Papa aclara y completa el texto de la encíclica y es una alarma y una llamada a la corresponsabilidad que requiere esta emergencia climática.

La decisión de participar en forma presencial, de la COPE 28 nos muestra, además, del vigor de este hombre a punto de llegar a los 86 años la intención de no caer en una queja solo verbal, atento a responder a aquello que tantas veces oímos de la Iglesia y los sacerdotes de que hay que hacer lo que ellos dicen pero no lo que hacen.

Desde su propio personal e institucional quiere experimentar el talante de este encuentro que, todavía más, es inédito en la agenda de un pontífice.

Nos llama la atención y nos saca de la comodidad y la rutina en un momento de grandes y graves situaciones que tantas veces nos tiran en el pesimismo.

Muy realista cuando nos dice que pongamos “fin a la burla irresponsable que representaría este tema como algo puramente ecológica, “verde”, romántico, frecuentemente sujeta al ridículo por parte de los intereses económicos”… se trata de un problema humano y social en muchos niveles; por eso pide la implicación de todos”.

De las protestas de grupos denominados negativamente como radicalizados, dice el Papa que están llenando un espacio dejado libre por el conjunto de la sociedad que debería ejercer una sana presión ya que cada familia debería darse cuenta de que el futuro de sus hijos está en juego”.

LA FAMILIA UNIVERSAL

Como sí se lo dijera, a sí mismo, el Papa pide que “los que participan en la Conferencia sean estrategas capaces de considerar el bien común y el futuro de sus hijos más que los intereses coyunturales de determinados países o empresas y así demuestran la nobleza de la política y no su vergüenza. A los poderosos solo puedo repetirles una pregunta: “¿qué inducirá a alguien en esta etapa de aferrarse al poder solo para su recordado por su incapacidad de tomar medidas cuando era urgente y necesario hacerlo?”.

El documento no orilla, sobre todo en la última parte, el tema económico animando a los hermanos cristianos de otras religiones a hacer lo mismo. Dice así: “la visión judía cristiana del cosmos defiende el valor único y central del ser humano en medio del maravilloso concierto de todas las criaturas de Dios pero como parte del universo, todos nosotros estamos unidos por vínculos invisibles y juntos formamos una especie de familia universal en comunión sublime que nos llena de un respeto sagrado, afectuoso y humilde, no producto de nuestra voluntad porque su origen está en otra parte, en lo más profundo de nuestro ser ya que Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea.

Nos recuerda que no hay cambios duraderos sin cambios culturales, sin maduración de los estilos de vida y de las convicciones dentro de las sociedades y no hay cambios culturales sin cambios personales.

El estilo inconfundible del Papa Francisco aflora por todos los rincones y, aunque queramos elegir algún párrafo, aparecen enseguida, en cascada otros.

Como para compartir nos recuerda que en Estados Unidos por individuo son dos veces mayores que al promedio de los países más pobres. Y termina: “junto con decisiones políticas, estaríamos avanzando en el camino hacia un cuidado genuino de unos por otros”.