En esta misma columna muchas veces me he referido al escaneo conocimiento que nuestros fieles tienen de los hombres y mujeres de la iglesia. Alguna vez he pedido que me den cinco nombres de personas destacadas de la Iglesia. Salvo el de teresa de Calcuta, muy pocos otros aparecían. Me llamo mucho la atención algo que, a que principios del siglo pasado decía Charles Péguy sobre la ignorancia que tenemos los cristianos de nuestras riquezas. Se conocen y se critican con frecuencia las riquezas del vaticano pero Péguy se refería al bagaje cultural que la Iglesia ha atesorado a lo largo de los siglos. Una hermosa sorpresa ha experimentado escuchando en Radio María los martes a las 20:45 un espacio que el periodista Néstor Rocchicciolo tiene a su cargo. Convoca cada semana a un obispo y, en cordial dialogo, vamos descubriendo no solo la problemática y los emprendimientos de las respectivas diócesis sino también podemos entrar en su vida, su familia y el camino de su vocación. “el valor divino de lo humano” era el titulo de un libro que tuvo muchos lectores varias décadas atrás.
La pastoral de la cercanía.
He invitado a las personas de las capillas que atiendo a escuchar el programa no solo porque responde a esa necesidad que tenemos de descubrir los valores que atesoramos en la Iglesia sino, además, a despertar esa familiaridad que, a la usanza del papa Francisco, nos haga experimentar la cercanía de nuestros pastores así como valoramos a quienes forman parte de nuestras familias. Decía Pablo VI que “la formación del hombre ha de ir al mismo paso de la del cristianismo”. Y muchos siglos atrás uno de los grandes doctores de la iglesia en su Regla Pastoral decía: “que el que preside sea cercano a cada uno por la compasión, que se dedique más que a ningún otro a la contemplación de modo que por entrañas de misericordia lleve en si las debilidades de los demás”. He tenido ocasión de conocer a muchos obispos. Estaba en Roma estudiando en la Universidad Gregoriana en los años del concilio y allí tuve la gracia de asistir al mío, entonces al arzobispo de Bahía Blanca, que participaba del mismo. Fue un deslumbramiento y, por ejemplo, me acuerdo entre tantas anécdotas haber indicado a uno de los obispos auxiliares de Madrid como debía hacer para llegar a determinado lugar. Ya en el país estuve en la Secretaria del arzobispado junto a dos arzobispos y viví así también distintas modalidades de pastoreo como ya en Mar Del Plata la gestión de cinco obispos y no me canso de agradecer al papa Francisco haber elegido como nuestro pastor a monseñor Gabriel Mestres.
El mensaje y el mensajero.
Me atrevería sugerirle al avezado conductor de “la voz de nuestros pastores” que introduzcan algunas preguntas sobre las preferencias culturales de los entrevistados en lo literario, musical y deportivo. Tal vez las oportunas pausas musicales podrían ser consensuadas con los entrevistados. Este programa nos ayuda así a vivencia aquello que el apóstol Pablo decía en su segunda carta a los cristianos de Corinto”: compenetrados del temor del Señor tratamos de persuadir a los hombres. Dios ya nos conoce plenamente y espero que ustedes también nos conozcan de la misma manera”. Sin duda que “la voz de los pastores “contribuye a ello y lo hace a través de la potencia técnica, pero sobre todo espiritual, de Radio María Argentina. El cardenal Etchegaray en su precioso libro “el hombre ¿a qué precio?” nos recuerda que, tratándose del Evangelio que debemos anunciar, no debería separarse el mensajero del mensaje “soy llamado a ejercer hasta el fondo de mi mismo el ministerio apostólico”…”un obispo no puede escapar a la santidad de su persona y de sus acciones pero esta como clavado al yugo de la plaza pública y la luz que la que es portador, a veces, se convierte en hoguera”.
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