Relato
Era el mes de mayo, ¿año? 1984. Un grupo de siete u ocho personas nos empezamos a reunir en uno de salones parroquiales bajo la supervisión del Padre Hugo Walter Segovia. Allí mientras tomábamos mate escribíamos, leíamos lo escrito, y a modo de Taller Literario, él, que es un exquisito escritor nos corregía por así decirlo. Fueron pocos meses. Cada uno y por diversos motivos dejó de concurrir y no nos reunimos más.
Muchas veces escribíamos sobre un tema a elección y otras nos lo daba y nosotros lo desarrollábamos.
Yo le decía: “ Me gustaría ser maga para que las palabras encerradas en mi mente puedan salir y mágicamente entrelazarse, fundirse, aunarse, combinarse y formar así lo que quiero decir y compartir…”
Una de mis pocas poesías nació en aquel entonces, tal vez bajo la influencia de alguna película, no sé, se me ocurrió escribir sobre EL ENGAÑO. Así es como imaginé a un señor mayor sentado, casi totalmente ciego, soportando y sufriendo el engaño de su esposa. Después comprendí que el ámbito no era el apropiado para leerlo y quedó escrito en aquella hoja …
Ciego
Solamente lluvia, mis ojos cansados se nublan,
apenas distingo sobre la blanca pared, su retrato,
bajo las borrosas luces del salón, las voces no callan.
Que me ignoren, bien lo sé, son extraños…
Porque estoy casi ciego me engañan
y creen que por no ver tengo muerta el alma,
sus risas distingo claras, bien claras.
Si ella es feliz así ¡Bendita mi ceguera blanca!
Bendito este amor que en silencio proclamo,
no necesita la vista mi fidelidad de esclavo.
Si ella es feliz así, basta con que se apiade de mi llanto.
Yo no necesito más que éste: MI bastón blanco…
María Angélica Flacavento
Mayo/1984
Hoy sigo pensado que las palabras están todas aquí en la enorme caja de mi inspiración esperando que al abrirla mágicamente puedan expresar lo que quiero, y compartirlo.