«El Padre Hugo»

Allá por la década del 70, en pleno proceso militar, llegaba al pueblo un nuevo sacerdote.

Nuestra querida parroquia de San Andrés y toda la comunidad católica recibía a quien sería por años el guía espiritual de muchos de nosotros.
Era un cura campechano, sencillo y cariñoso, pero con posiciones firmes frente a la demanda de una sociedad golpeada por los vaivenes políticos y económicos de la época.
Lo acompañaba su madre, humilde como el, pero también con la fuerza y la fe de una mujer segura, contenedora, que ocupaba un lugar silencioso pero contundente en la tarea de acompañar el apostolado de su hijo.
El Padre Hugo conducía nuestra parroquia con mucho amor, con apertura, con la sabiduría de ponerse siempre en el lugar del otro y tener la palabra justa que calmaba y aliviaba el corazón de los fieles.
Caso a la mayoría de nuestros vecinos, bautizo a nuestros hijos, despidió a nuestros mayores y no escatimo esfuerzos para estar presente en el lecho de cada enfermo, en la mesa de los humildes, llevando la Palabra de Dios que fortalecía las almas y nos llenaba de fe y esperanza.
La democracia también lo tuvo como protagonista. Allí estaba el siempre con una palabra, con una esquela, con su presencia que transmitía serenidad y siempre disponible para atender una consulta o brindar un consejo, defendiendo con coraje la libertad y los derechos de los perseguidos y hostigados, reclamando por igualdad y justicia y apelando siempre al dialogo y al perdon entre hermanos.
Con El Argentino, y por lo tanto con nuestra familia tuvo una relación especial. Para nosotros, por lo menos, es especial. El acompaño a mi hermano los años de Intendente, el despidió a mi madre en su camino al cielo, él estuvo en cada acontecimiento importante de nuestra vida y el sigue presente, a pesar del tiempo y la distancia, cada semana en las páginas de El Argentino.
A pocos meses de cumplir 90 años, El Argentino quiere rendirle homenaje al querido Padre Hugo, y decirle lo importante que ha sido para nosotros su paso por nuestro pueblo.
Y decirle también, que su palabra ha sido sanadora, que su evangelización ha transformado hasta los corazones más duros y que su constante predica para enseñarnos a avivar el fuego del amor de Dios en nuestros corazones, mediante la oración y las buenas obras, ha sido escuchada.

Gracias, gracias Padre, por su entrega a nuestra comunidad y por sus mensajes semanales que llaman a la reflexión y que son enseñanzas de vida, pero sobre todo, gracias por su ministerio que nos ha ayudado tanto a descubrir y experimentar el amor infinito de Dios.

SUSANA HONORES.
(Nota de archivo)