Cuarta generación de afiliados y militantes radicales, su participación en la Unión Cívica Radical comenzó a los 14 años, siendo parte de la Juventud Radical del partido de Mar Chiquita. A los 24 años Maxi Abad era elegido presidente del centro de estudiantes de la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
El domingo último, 20 años después, Abad se convertía en la máxima autoridad de la UCR de la provincia de Buenos Aires, tras derrotar en comicios en los que participaron más de cien mil afiliados, al intendente de San Isidro, Gustavo Posse, quien contaba con el apoyo de Martín Lousteau.
A medida en que iba recibiendo los llamados telefónicos de Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Elisa Carrió, Mario Negri, Ernesto Sanz y gobernadores, legisladores e intendentes, el marplatense -en realidad nació en Ranchos pero a los 4 años ya vivía en esta ciudad- iba tomando conciencia de lo que significaba esa victoria, el jalón más alto en su fructífera carrera política. Ahora Abad es el principal impulso de la candidatura de Facundo Manes como Diputado Nacional del Radicalismo.
Todas las miradas apuntan a Facundo Manes. El neurocientífico no sólo apoyó a su hermano Gastón en la lista de Abad, sino que también acompañó al marplatense en gran parte de la campaña. Los radicales, están convencidos, van a pelear la candidatura presidencial y en tal sentido, mucho creen que la figura de Facundo Manes es la ideal para tal objetivo.
Esta vez, el reconocido profesional estaría dispuesto a meterse de lleno en la arena política. ¿Diputado en los próximos comicios y candidato presidencial en dos años? Manes guarda silencio, pero quienes lo conocen saben que esta vez está más entusiasmado que nunca. “Lo sorprendió la alta participación de afiliados, superándose las expectativas más optimistas”, confió un hombre cercano al autor del libro “El cerebro argentino”.
“Me parece -afirmaba el amigo personal de Manes- que se empezó a generar una expectativa que puede permitir volver a tener un sueño colectivo como lo fue el 83 con Alfonsín y la democracia. Hoy con otro paradigma que nos lleve de una vez por todas al desarrollo inclusivo y nos permita enfrentar los desafíos del siglo XXI”.