PADRE HUGO SEGOVIA
Aunque el autor de este libro (Marco Gallo, “En el ojo de la tormenta”, Mártires de los setenta, San Pablo, Buenos Aires, 2020, 246 p.) es consciente de que “no se trata de un exhaustivo estudio ni pretende posponer de manera integral a la problemática del martirio cristiano en aquellos años “ha procurado evidenciar la fidelidad del Evangelio y el seguimiento de Jesús de una Iglesia inmersa en la tormenta de la historia”, es justo afirmar que se trata de un indispensable aporte que, con el rigor del investigador y la calidez de alguien que, al entrar en contacto con esta tierra, no lo ha hecho como quien mira donde los balcones, como diría el papa Francisco, sino procurando ahondar en el núcleo visible que, en los primeros tiempos del cristianismo, enseñara San Irineo “la gloria de Dios en que el hombre viva”.
El hecho de que Marco Gallo es el responsable en la Argentina de la Comunidad de San Egidio tiene mucho que ver con esta preocupación suya pues ello ha sido factor importante en el trabajo de reconocer el martirio de monseñor Romera que, como nuestro beato Angelelli, hicieron visible la intuición de tener, bien abiertos, un oído en el Evangelio y otro en el pueblo.
HOMBRES Y MUJERES DE LAS PERIFERIAS
En base al trabajo de la C.O.N.A.D.E.P. el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta y a pedido del cardenal Bergoglio contando con el inapreciable antecedente de la investigación que Andrea Riccardi llevó a cabo sobre el siglo del martirio como preparación al Jubileo del año 2000, se logró reconocer lo que Gallo llama “una suerte de microcosmos ante la magnitud de lo que sucedió en aquellos años”.
Obispos, sacerdotes, religiosas, catequistas, trabajadores, estudiantes aparecen en espantoso desfile. Algunos más conocidos y otros de las cuales se pudieron obtener escasas referencias, conforman un martirologio que no emite, con todo, un cuidadoso análisis sobre la relación entre la fe y el compromiso político que es un tema de permanente reflexión en la Iglesia.
Debemos agradecer que en el Apéndice de “En el ojo de la tormenta” se recojan importantes documentos que nos muestran, además, la escasa difusión que han tenido en la opinión pública.
Así descubrimos, por ejemplo, la amistosa relación entre un joven jesuita Bergoglio con el Padre Alfredo Kelly, uno de los mártires de San Patricio, así como textos del obispo de San Nicolás, monseñor Carlos Ponce de León como la conmovedora última predicación de monseñor Angelelli en la cual intenta desbaratar el círculo de odio de la violencia desatada en la provincia así como un texto del Padre Carlos Mugica sobre la relación entre sacerdocio y militancia política que no ha perdido actualidad.
A LA LUZ DEL EVANGELIO
Ni hablar de la homilía del cardenal Bergoglio del 4 de agosto del 2006 en la Catedral de La Rioja en la que recuerda su experiencia personal con el obispo asociándola a una esclarecida presencia en esa diócesis, nada menos que del general de los jesuitas, Padre Pedro Arrupe, cuya causa de beatificación está en camino. Pero en la homilía se refiere al tema de las periferias geográficas y existenciales que, siete años después será como el leitmotiv de su programa pastoral.
Nos falta la entrevista que Giaquinta concedió en 1996 al diario “Norte” de Resistencia. Es un documento que merece ser conocido por su claridad, su valentía y su minuciosidad. En ello el arzobispo hace referencia a un problema que los años han ido agravando, habla de la gente harta de que los medios jueguen con ella y le oculten la verdad”.
Sin duda que esta investigación de Marcos Gallo sobre los mártires en la Argentina de los años previos y del mismo proceso que ensombreció al país merece la más amplia difusión. Como dice en la presentación el teólogo chileno Padre Pedro Moya “siempre viene bien un libro sobre la memoria” como este que nos ayuda a reconocer “como Dios va construyendo la historia aún por debajo de las sombras”.
Aporte significativo porque contribuye ampliamente a que, como enseña el Concilio Vaticano II, “exploremos los signos de los tiempos para iluminarlos con la luz del Evangelio”.