Padre Hugo Segovia
El Obispo español emérito de Ciudad Rodrigo Raúl Berdoza Martínez, citando al jesuita Antonio Spadaro que desde “Laciviltácattólica” tanto nos ha hecho conocer en profundidad al Papa Francisco, nos ha mostrado lo que podríamos llamar las siete imagines suyas para el ansiado pos Covid 19.
Son ellos, la barca, la llama, el subsuelo, la guerra de los poetas, la unión, la ventana y la misma pandemia.
Tal vez la imagen de la barca que utilizó aquella tarde dramática del 27 de marzo del año pasado cuando, recién comenzaba este periodo inesperado sea la que más ha llegado a la opinión pública.
La barca está en medio de la tormenta y frente a ella es preciso reordenar, reorganizarnos y no solo a nivel personal sino también mirar a los que navegan junto con nosotros. La barca es un símbolo de la fraternidad como lo es también de la Iglesia a la cual llamamos “la barca de Pedro”.
La llama fue la que utilizó en la bendición de Pascua a la ciudad y al mundo. Dijo que “en medio de la noche de la pandemia luce la luz pascual”… “tenemos ahora cuatro noches que deben ser iluminadas, la vida ordinaria, las sanciones internacionales, el egoísmo y las rivalidades entre las naciones y los conflictos armados frente a los cuales la luz de la Pascua es una convocatoria a desatar los nudos y hacer menos noche, las noches”.
NI NEGLIGENTES NI ENCERRADOS
Sigue con la imagen de los subsuelos a los que estamos en el momento de bajar desde las cumbres para pisar la tierra, mirar a los pobres, a los sin techo, a los descartados, a los que son invisibles para nuestra sociedad.
Al hablar de la guerra de los poetas nos dice que hay diferencia entre los que han visto a la pandemia como una guerra o una invasión contra la cual cada uno se planta como un héroe. Pero esta imagen guerrera nos quiere decir que hay un ejército de la solidaridad, de la esperanza, del sentido comunitario. Somos “poetas sociales” que deben ser respuestas creativas e imaginativas a los grandes problemas de las periferias.
La cuarta imagen es la de la unción perfumada del servicio que utilizo el Papa el 17 de Abril en “Un plan para resucitar” publicado en la revista “Vida nueva”. Debemos sentirnos ungidos por la fuerza del Espíritu que abre nuevos horizontes y nos inspira a la creatividad. En estos momentos Dios nos llama a generar dinámicas de vida nueva para hacer nuevas todas las cosas, Es así como recoge un llamado a que aceptemos esta prueba como una oportunidad para preparar lo que él llama “el mañana de todos sin descartar a nadie porque sin una unidad de conjunto no habrá futuro para nadie”.
LA VIDA QUE NUNCA MUERE
En la carta a los sacerdotes de la ciudad de Roma del 11 de mayo cuando hace referencia a las “necesarias distancias” que provoca la pandemia, el Papa recordaba que esa distancia no era sinónimo de repliegue o encerramiento porque sería como anestesiar, adormecer y hasta apagar la misión. Hay que descubrir los nuevos caminos que el Señor desea que recorramos sumergiéndonos en la misma tempestad mirándola a través de la ventana para descubrir donde más necesitan. La ventana abierta nos recuerda el compromiso y el descender para invitar a recorrer nuevos caminos e intentar nuevos estilos de vida.
También la misma pandemia como imagen nos habla de las enfermedades y los males de nuestro mundo; el hambre, la guerra, los niños sin posibilidades de educación son pandemias como lo son el egoísmo y la indiferencia.
Monseñor Berdoza dice que así como los siete dones del Espíritu Santo son una invitación a hacer realidad el plan salvador estas imagines nos llaman a que se haga visible ese “hospital de campaña” del cual Francisco nos viene hablando desde hace ocho años.
Por su parte el cardenal Michael Czerny, inmediato colaborador del Papa en uno de los temas que más lo desvelan como es el de los migrantes, ha escrito el prefacio de una solución de intervenciones suyas (Papa Francisco, “La vida después de la pandemia”, Santa María, Buenos Aires, 2020, 51 p.) que no es posible no tener en cuenta.
Este cardenal, jesuita de origen checo pero formado en Canadá, habla de “un rico mensaje para la humanidad” con dos objetivos: sugerir una dirección,algunas claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis y sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y descreimiento”.
En estos textos el Papa habla basándose en la esperanza “porque con Dios la vida nunca muere”.