Padre Hugo Segovia
Apenas poco más de tres meses después de la finalización del Sínodo especial paramazónico, el 12 de febrero el Papa Francisco dio a conocer el documento que pone el punto final al acontecimiento.
Manifiesta que se debe leer en su totalidad el documento elaborado durante tres semanas en octubre que, además, estuvo precedido por un intenso trabajo que comenzó cuando el papa anunció la realización del Sínodo, en Perú en enero de 2018.
Sin duda que esta insistencia del papa tiene que ver con dos temas que suscitaban la curiosidad mundial, con posturas a favor y en contra, como la ordenación sacerdotal de hombres casados para paliar la alarmante escasez de ministros y el acceso al diaconado de las mujeres. El papa, con todo, dice que “toda la Iglesia debe dejarse enriquecer e interpelar por el trabajo del Sínodo”.
Frente al agudo enfrentamiento de posturas contrapuestas (no obstante el Sínodo había propuesto por 72 % ambas cuestiones) optó por dar prioridad a temas como el desastre ecológico, las injusticias y crímenes causadas por empresas sedientas de rédito final”.
Notable el énfasis en pedir “indignarse y defender a pueblos originarios castigados y pedir perdón advirtiendo que no se debe permitir que la globalización se convierta en una nueva forma de colonialismo”.
UN ESTILO COLOQUIAL
Es preciso reconocer que si bien los problemas emitidos tienen que ver con el bien de los pueblos amazónicos, el papa ha preferido que sena profundizados como para lograr un asentimiento que aleje el peligro de fracción. Ello permite poner el acento en lo que se hace a ahuyentar el tantas veces denunciado clericalismo.
Acento que se extiende a lo que califica de pecado ecológico como a la instauración de un rito amazónico.
Tal como había ocurrido con la experiencia del Sínodo de 2018 sobre los jóvenes, ha preferido un estilo coloquial. Es una carta en que se palpa el estilo de Francisco, desbordante de ternura y que no tiene empacho en llamar “querida” a la región a la que está dirigida.
El texto de una atractiva hermosura que va desplegando lo más específico del estilo bergogliano, tampoco tiene reparos en apoyarse en los más variados autores como Vinicius de Morales, Pablo Neruda y Vargas Llosa como queriendo dar aliento a un diálogo enriquecedor con la cultura de esos pueblos. Así, escuchando, tratando de entender, traduciendo el pensamiento, repensando la propia lengua toma conciencia de que hay más parentesco que lo que muchas vecesnuna orgullosa discriminación había evitado.
Aporte también que debemos agradecer a la institución pastoral del papa.
LOS SUEÑOS DE FRANCISCO
En los años 80, el cardenal Martini se preguntaba cómo debe ser una figura de obispos en vísperas de la llegada del milenio y lo ponía al arzobispo de Westminster, cardenal Basil Hume, como “hombre simple, libre, honesto, corajudo, fiel al Evangelio, confiado en la fuerza del Espíritu Santo”.
En los sínodos de entonces se había destacado porque comenzaba sus intervenciones diciendo “I have a dream” .
Ahora “Querida Amazonia” nos da a conocer los sueños de Francisco: el social, el cultural, el ecológico y el comunitario.
Del social dice que “sueña con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos donde su voz sea escuchada y su dignidad promovida.”
Sueña también que “se custodie con celo la abrumadora hermosura natural que engalana la Amazonia, la vida desbordante que colma sus ríos y sus selvas”.
Por último sueña “con comunidades capaces de entregarse y encarnarse en la región hasta regalar a la Iglesia nuevos rostros con rostros amazónicos”.
Todo nos lleva a que digamos también nosotros, “querida Amazonia”.