Padre Hugo Segovia
El Cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, había cumplido el 17 de diciembre de 2011, la edad que las normas jurídicas establecen para que los obispos lleguen al límite de sus funciones.
Cuando se produjo la renuncia del papa Benedicto XVI, el cardenal había sobrepasado en un año y tres meses los 75 años estipulados. Desde 1224 no ocurría algo similar en la Iglesia.
Sabemos que el cardenal confiaba en que para fines de ese año 2013, junto con la aceptación de su renuncia, sería también nombrado, como es usual, el nombre de su sucesor. También se sabe que había reservado su pasaje aéreo para la vuelta a Buenos Aires ya que pensaba en la Semana Santa que se acercaba y para la cual había preparado sus homilías.
Pensaba tal vez en el lugar que tenía ya asignado en el Hogar sacerdotal de Flores en el cual pensaba residir después de su renuncia.
Pero “el hombre propone y Dios dispone”. Pocas veces como ésta se cumplió el refrán: el 13 de marzo después de que se hicieran cuatro votaciones, el Cónclave lo eligió sucesor del papa renunciante: “los cardenales que debían elegir al obispo de Roma fueron a buscarlo al fin del mundo”.
Un hecho insólito pues el nuevo papa venía del continente americano en medio de una situación también impensada, aunque pronosticada por algunos.
DE ALEMANIA A LA PATAGONIA
Asistimos ahora a la presentación de una película dirigida por Fernando Meiralles, famoso por su película “Ciudad de Dios” que en 2004 había estado cerca del Oscar. Se trata de “Los dos Papas” que, vale la pena decirlo, es una ficción en torno a hechos ocurridos en la vida tanto de Benedicto XVI y Francisco pero volcados a la pantalla por el guión de Anthony Carten, neozelandés, con mayor o menor rigurosidad pero muy precisamente protagonizados por dos figuras de la relevancia de Anthony Hopkins (Ratzinger) y Jonathan Pryce (Francisco) sin olvidar la acertada tarea de nuestro Juan Minujin al hacerse cargo del Bergoglio joven.
Ya Darío Grandinetti había hecho a Bergoglio en la película argentina “El padre Jorge” del director Beda Docampo Feijóo y dejó un cálido testimonio de ello al decir que “tuvo que investigar a una persona muy atractiva que me hizo crecer como persona”.
También ahora ha hablado el galés, de religión presbiteriana y que había estado en el país en 1996 durante la filmación del musical de fama mundial “Evita” de la mano de Alan Parker haciendo las veces de, nada menos que Perón, Jonathan Pryce. “La predica de Francisco va más allá de la Iglesia sobre todo en lo que se refiere al medio ambiente y los refugiados”. Conmovido destaca la emoción de haber filmado en una villa de emergencia: “pude experimentar, a través de ellos, un estado de felicidad porque es un lugar donde Francisco es un héroe”.
Las opiniones sobre “Los dos papas”, obviamente, son variadas. Una de la que más llama la atención es la que opina que Meiralles ha inclinado la balanza en favor de Bergoglio pero, aún teniéndola en cuenta, nos parece que responden a una visión parcial, cuando no imbuída, de matices ideológicos.
UNIDAD, LIBERTAD, CARIDAD
Una situación como la que muestra la película requiere una lectura que parte de una expresión clásica de San Agustín cuando hablaba de la exigencia del cristiano de servir a la unidad de cosas esenciales, de gozar de libertad en las dudosas pero siempre en la caridad.
Dos papas, cada uno procedente de un medio distinto, con una formación también circunstanciada. No estaría de más recordar aquella expresión del periodista Henri Fesquet que, en medio de las polémicas concilares, había dicho que “la Iglesia es un zoológico donde caen toda clase de animales”.
Desde la renuncia del papa emérito (no veo por qué se prefiere esa denominación cuando no hay ninguna dificultad en hablar, simplemente, del papa “Benedicto XVI) han pasado siete años y no tenemos en cuenta aquella llamada “encíclica a cuatro manos” que se publicó el 29 de junio de 2013, no sin intención: Benedicto lo había comenzado con motivo del Año de la fe pero Francisco la terminó. Se llama “Lumen fidei” y en ella encontramos que “gracias al magisterio de la Iglesia nos puede llegar íntegro el plan de salvación y, con él, la alegría de poder cumplirlo plenamente”. Hablábamos de ella en la columna del 22 de agosto de 2013.
Ha habido opiniones divergentes porque la fe no uniforma ni las opiniones ni las posturas de los papas. Muchas difundidas desde intereses no siempre evangélicos. Y como decía el papa Francisco en la última Navidad: “hay oscuridad en los corazones, sin embargo la luz de Cristo es mayor”.