Padre Hugo Segovia
Un importante acto tuvo lugar en diciembre en el obispado de Mar del Plata.
Allí, monseñor Maestre entregó a las autoridades de la Universidad de Mar del Plata una documentación sobre la historia de la Universidad Católica creada por el primer obispo de la diócesis, monseñor Enrique Rau, a pocos meses de su llegada en 1957.
Se trata de documentar, en el marco de la Comisión de Reconstrucción histórica, legajos del personal de la Universidad Nacional de Mar del Plata Detenidos – Desaparecidos, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y el Foro de la Memoria.
Es preciso tener en cuenta que la Universidad Católica fue la primera de la ciudad y luego se creó la Universidad Provincial hasta que en 1975 ambos dieron lugar a la creación de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La documentación entregada está relacionada con hechos ocurridos en 1974 cuando, siendo obispo Monseñor Eduardo Pironio también asumía el rectorado de la Universidad. Nos cuesta imaginar cómo debido a que a sus tareas al frente de la diócesis era Secretario y después Presidente del C.E.L.A.M. Lo cual lo obligaba a frecuentes viajes y, más aun, a tareas a nivel vaticano como se daría en 1975 al ser nombrado Prefecto de la Congregación para los Religiosos.
Podemos sí entender que la gravedad del momento exigía una presencia capaz de afrontarlo en su verdadera dimensión.
El obispado se ha comprometido a aportar periódicamente copia de la documentación que se encuentra en sus archivos.
Se entregaron documentos sobre la participación en la vida universitaria de desaparecidos, actas de concursos en la Facultad de Derecho y resoluciones sobre desaparición de personas vinculadas a la universidad.
COMPROMISO DESDE EL EVANGELIO
Ya en el mes de setiembre el obispo había rendido homenaje a la licenciada María del Carmen Maggi en un acto que, con motivo del día del Profesor, se llevó a cabo en el colegio de la Sagrada Familia donde había sido profesora. Dijo entonces: “fue una mujer de fe, una fe verdadera y no una de “careta”, una fe comprometida desde el Evangelio, con la realidad social y se jugó por la paz contra toda forma de violencia y terrorismo”.
A ello nos referíamos en la columna del 25 de abril de 2019.
En la documentación se destaca un comunicado a los estudiantes para informarles de un acuerdo entre el obispado y el Ministerio de Educación de la Nación: “la mejor manera de demostrar que son principios básicos de nuestra acción es convertir a la Universidad en una comunidad donde exista plena participación de docentes, no docentes y estudiantes y cuyos objetivos sean servir a su pueblo”. Firmada por el obispo, el Rector y el Secretario Ejecutivo licenciado Enrique Pecoraro (finalmente también desaparecido) es muy elocuente para deducir que tipo de universidad anhelaba gestionar la Iglesia y las reacciones que afrontaba en esos complicados momentos.
EL UNICO LEMA
Vemos el estilo de quien el 26 de mayo 1972 había asumido el gobierno de la diócesis de Mar del Plata.
Decía entonces: “es la hora de Dios para nosotros: hora de cruz y esperanza, de responsabilidad y compromiso, de generosa donación y servicios. Vengo como hermano y amigo, como madre y pastor. Vengo sencillamente a anunciar a Cristo y a Cristo crucificado.
El único lema es: Cristo es el Señor”.
Había sido el de toda su vida desde su nacimiento en Nueve de Julio el 3 de diciembre de 1920 y de su ordenación sacerdotal, como alumno del Seminario San José de La Plata, el 5 de diciembre de 1943 para incorporarse al equipo de profesores de su diócesis de Mercedes en el Seminario Pío XII, estudiando en el Angélico de Roma, ejercido como Vicario General en 1958 y como Rector del Seminario de Villa Devoto en 1960, perito conciliar en 1963 y elegido por Pablo VI, EN 1964, Obispo Auxiliar de La Plata. Padre conciliador en las dos últimas sesiones del Concilio y en 1968, Secretario del C.E.L.A.M. en los tiempos de la Conferencia de Medellín.
Llegó a Mar del Plata en los últimos tramos de la Revolución Argentina que culminó en marzo de 1973 con las elecciones y el retorno de Juan Domingo Perón hasta su muerte el 1 de Julio de 1974.
Pironio y su tiempo nos puede mostrar cómo en cada lugar y coyuntura fue consecuente con lo que decía aquel 26 de mayo de 1972.